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Las lluvias primaverales favorecen el crecimiento de la vegetación en caminos, terrenos baldíos, zanjas y espacios rurales. Sin embargo, entre las hierbas que comienzan a aparecer también puede encontrarse una especie altamente tóxica: la cicuta (Conium maculatum), una planta silvestre que puede confundirse con hierbas comestibles de uso habitual en la cocina, como el perejil y el cilantro.


El riesgo está en su parecido con estas especies, especialmente para quienes acostumbran recolectar hierbas silvestres o permitir que los niños jueguen en patios y terrenos con vegetación espontánea. Su consumo accidental puede provocar una intoxicación grave e incluso la muerte.


De acuerdo con antecedentes difundidos por el Instituto de Salud Pública (ISP), la cicuta está presente en Chile entre las regiones de Coquimbo y Los Lagos, además del archipiélago Juan Fernández. Su crecimiento se ve favorecido por condiciones de humedad, por lo que resulta importante mantener la precaución después de períodos de lluvia.


¿Cómo reconocer la cicuta?

Aunque su identificación definitiva requiere conocimientos especializados, existen algunas características descritas por el ISP que permiten sospechar de su presencia.

La cicuta puede alcanzar hasta 2,5 metros de altura. Tiene tallos lisos, huecos y con manchas irregulares de color violeta o púrpura. Sus hojas son verdes, compuestas y muy divididas, con una apariencia que recuerda a la de algunos helechos. Cuando florece, presenta pequeñas flores blancas agrupadas en conjuntos con forma de paraguas.


La principal recomendación es no confiar únicamente en la apariencia de sus hojas ni en el olor para determinar si una planta es comestible. La semejanza entre distintas especies puede dificultar su identificación y convertir una recolección aparentemente inofensiva en una situación de riesgo.


Importante: todas las partes de la cicuta son tóxicas. No debe utilizarse para cocinar, preparar infusiones ni elaborar remedios caseros.



¿Por qué es tan peligrosa?

La cicuta contiene sustancias tóxicas, entre ellas la coniína, que afectan el funcionamiento del sistema nervioso y la comunicación entre los nervios y los músculos.


Tras su ingestión, pueden aparecer síntomas como náuseas, vómitos, salivación excesiva, mareos, temblores y debilidad muscular. En casos graves, la intoxicación puede progresar a parálisis muscular y dificultad respiratoria, con riesgo vital.


Ante la sospecha de que una persona ha ingerido esta planta, no se debe esperar a que aparezcan los síntomas para buscar ayuda médica.


Medidas de prevención para las familias

Para reducir el riesgo de intoxicaciones, especialmente durante la temporada de mayor crecimiento de la vegetación, se recomienda:

No recolectar hierbas silvestres para el consumo si no se cuenta con una identificación botánica confiable.


Enseñar a los niños a no llevarse plantas a la boca y supervisarlos cuando jueguen en patios, parcelas, parques o terrenos con vegetación.


Evitar las preparaciones caseras con hojas, raíces o semillas de origen desconocido.

Mantener a las mascotas alejadas de plantas sospechosas e impedir que las ingieran.


Si se detecta una planta que podría ser cicuta, evitar manipularla directamente y mantener a niños y animales alejados mientras se solicita orientación para su identificación y retiro seguro.


¿Qué hacer ante una posible intoxicación?

Si una persona ingiere accidentalmente una planta que podría ser cicuta, debe acudir de inmediato a un servicio de urgencia y solicitar orientación toxicológica. No se debe provocar el vómito ni administrar remedios caseros.


En Chile, el Centro de Información Toxicológica de la Pontificia Universidad Católica (CITUC) dispone de orientación telefónica las 24 horas en el +56 2 2635 3800. Esta consulta no debe retrasar la atención de urgencia, especialmente si hay debilidad muscular, dificultad para tragar o problemas para respirar.