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La conflictividad laboral en Chile dejó de ser un fenómeno coyuntural para consolidarse como un rasgo estructural del escenario social y productivo nacional. Así lo confirma la Minuta de Huelgas Laborales 2024 del Observatorio de Huelgas Laborales (OHL), que evidencia un aumento sostenido de paralizaciones, mayor cantidad de trabajadores involucrados y un alza significativa en los días-persona perdidos, dando cuenta de las limitaciones del sistema chileno para canalizar las tensiones laborales de manera institucional 

Conflictividad laboral en Chile

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De acuerdo con el director del OHL e investigador postdoctoral del Instituto de Ciencias Sociales (ICSo) de la Universidad de O?Higgins (UOH), Domingo Pérez Valenzuela, esta tendencia ?iniciada a mediados de la década del 2000 y profundizada tras el estallido social de 2019? responde a causas profundas que se mantienen vigentes. Entre ellas, destacan las tensiones entre salarios y ganancias, la persistencia de huelgas legales y extra-legales, y una baja capacidad institucional para procesar los conflictos dentro de los marcos formales de negociación 

Conflictividad laboral en Chile

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?La huelga se ha transformado en el principal mecanismo para convertir tensiones latentes en acción colectiva. En Chile, el sistema frecuentemente no logra procesarlas por vías institucionales, lo que explica la persistencia de paralizaciones extra-legales tanto en el sector público como privado?, señala el investigador.


Conflicto laboral con fuerte componente territorial

Uno de los aspectos más relevantes del análisis es la sectorización territorial del conflicto, particularmente en regiones como Metropolitana, O?Higgins y el Centro Sur, donde la agroindustria concentra una parte importante de las movilizaciones laborales. Se trata de un sector altamente feminizado y con altos niveles de empleabilidad, donde las demandas se centran, de manera sostenida, en mejoras salariales.

Según Pérez, este patrón evidencia desigualdades laborales, territoriales y posiblemente de género que trascienden el ciclo económico. ?En estas zonas, el salario es la única reivindicación sostenida desde 2010. El ingreso no es solo una variable económica, sino una condición de autonomía y dignidad laboral, especialmente en sectores feminizados del agro chileno?, explica.


Una paradoja en los ciclos económicos

El informe también advierte que no es posible proyectar de forma lineal el comportamiento de las huelgas hacia los próximos años. Sin embargo, identifica variables de alerta como la duración de las paralizaciones, el número de trabajadores movilizados y su distribución territorial. Paradójicamente, en períodos de mayor crecimiento económico, el conflicto laboral tiende a intensificarse, ya que se amplía el margen de disputa en la negociación entre trabajadores y empleadores.

?Los ciclos de huelga no responden a una sola variable. En contextos de expansión económica, las negociaciones suelen prolongarse, aumentando la probabilidad de conflicto. Por eso, el monitoreo constante es clave para anticipar escenarios de tensión?, sostiene el académico UOH.


Hacia una nueva arquitectura sindical

Finalmente, el director del OHL subraya que el principal desafío no es reducir la huelga como mecanismo de presión, sino fortalecer la capacidad institucional para procesar el conflicto laboral. La persistencia de huelgas extra-legales, advierte, refleja una arquitectura sindical débil y fragmentada, especialmente en sectores con bajo poder de negociación frente a las empresas.

?Chile no enfrenta solo un problema en la frecuencia de huelgas, sino una insuficiente arquitectura institucional. Sin mesas de negociación efectivas y sindicatos fortalecidos, el conflicto seguirá desplazándose hacia formas extra-legales. El desafío es construir canales estables que permitan transformar la tensión en acuerdos sostenibles para trabajadores, empresas y el Estado?, concluye Pérez Valenzuela.