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Un llamado a no confiarse frente a volcanes aparentemente inactivos realizó el académico Jorge Romero, del Instituto de Ciencias de la Ingeniería de la Universidad de O'Higgins, quien explicó que largos períodos sin erupciones no significan necesariamente que un volcán esté apagado.


Según el especialista, la forma tradicional de clasificar volcanes basada en si han tenido erupciones en los últimos 10 mil año puede ser insuficiente para entender su comportamiento real. ?Esta categorización no siempre refleja su capacidad de hacer erupción en el tiempo?, advierte.


El tema volvió a tomar fuerza tras recientes estudios internacionales que detectaron acumulación de magma durante más de 100 mil años bajo un volcán en Grecia, abriendo la interrogante sobre si sistemas aparentemente ?dormidos? podrían estar preparándose para futuras erupciones.


Romero explica que existen numerosos casos en que los volcanes pasan miles o incluso decenas de miles de años en reposo antes de activarse nuevamente. Un ejemplo en Chile es el volcán Aucanquilcha, en el norte del país, cuya historia eruptiva se extiende por millones de años.


La situación es especialmente relevante en Chile, uno de los países con mayor cantidad de volcanes activos en el mundo. El académico menciona el caso del Nevado Tres Cruces, en la Región de Atacama, que registró su última erupción hace unos 30 mil años, luego de otro extenso período sin actividad.


Ejemplos más recientes también refuerzan esta idea. La erupción del volcán Chaitén en 2008 ocurrió tras cerca de 400 años de inactividad, mientras que el volcán Pinatubo, en Filipinas, protagonizó en 1991 una de las mayores erupciones del siglo XX luego de siglos sin registros eruptivos.


Para el académico de la UOH, estos antecedentes demuestran que la ausencia de erupciones recientes no debe interpretarse como ausencia de riesgo. ?Algunos volcanes que hoy no están considerados activos podrían reclasificarse con nuevos criterios o a partir de futuras investigaciones?, señala.


Actualmente, de los 89 volcanes activos reconocidos en Chile, solo cerca de la mitad cuenta con monitoreo permanente, lo que representa un desafío importante en materia de prevención.


?Cualquiera de los volcanes no monitoreados podría sorprendernos y generar una emergencia?, advierte Romero, quien subraya la necesidad de fortalecer los sistemas de vigilancia volcánica en el país.


Si bien el monitoreo satelital ha permitido ampliar la observación en zonas remotas, el experto recalca que estas herramientas tienen limitaciones, por lo que resulta clave contar con redes de monitoreo en terreno y capacidad de respuesta rápida.


Los avances científicos están demostrando que los volcanes no operan bajo escalas de tiempo humanas. Por ello, más que fijarse solo en la última erupción, hoy la volcanología busca entender qué ocurre actualmente en el interior de estos gigantes aparentemente silenciosos.