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Los humedales de la Región de O?Higgins están dando un paso concreto hacia su recuperación. A través de una iniciativa que une ciencia, gestión pública y participación local, el Gobierno Regional, la Universidad de O?Higgins y distintos municipios comenzaron la restauración ecológica de estos ecosistemas mediante la instalación de plantas nativas, especialmente seleccionadas para mejorar la calidad del agua.


Los humedales cumplen un rol clave: regulan el agua, albergan biodiversidad y ayudan a mantener el equilibrio ambiental. Sin embargo, hoy enfrentan una fuerte presión por la actividad humana y el exceso de nutrientes como nitrógeno y fósforo, que deterioran su funcionamiento. Frente a este escenario, el proyecto ?Laboratorio de Ecosistemas de Humedales?, financiado por el GORE O?Higgins a través del Fondo de Innovación para la Competitividad (FIC), pasó del diagnóstico a la acción en terreno.


En esta etapa, el equipo entregó 600 plantas nativas que ya comenzaron a instalarse en humedales priorizados de la región. A diferencia de intervenciones solo decorativas, estas especies cumplen una función ecológica activa: ayudan a retener nutrientes, mejorar la calidad del agua y fortalecer el ecosistema de manera permanente.


?Nos parece espectacular poder apoyar un proyecto ligado al cuidado del medio ambiente. Como Gobierno Regional estamos muy comprometidos con la conservación de los humedales y el desarrollo de iniciativas que protejan la naturaleza?, señaló el Gobernador Regional, Pablo Silva Amaya.


Desde la Universidad de O?Higgins, la directora del proyecto, Dra. Gemma Rojo, destacó el avance que representa esta etapa: ?Hoy estamos pasando del diagnóstico a la acción. Queremos que la restauración quede instalada en el territorio y tenga efectos sostenidos en el tiempo, siempre trabajando junto a municipios y comunidades?.



Humedales desde la costa al interior

Las intervenciones se están realizando en humedales costeros como Laguna Petrel y Laguna de Cáhuil, en Pichilemu, y también en humedales interiores asociados al embalse Rapel, como Llallauquén y Cubeta de Alhué, en Las Cabras. A ellos se suman los humedales San José y Las Juntas, en la comuna de Pichidegua.


Además de la plantación, el proyecto considera un monitoreo mensual que incluye mediciones del agua, observación de aves y uso de cámaras trampa, permitiendo evaluar los cambios y apoyar la toma de decisiones para su cuidado.


Para los municipios, el impacto va más allá de lo ambiental. ?El humedal de Llallauquén es parte de nuestra identidad local. Esta restauración mejora la calidad del agua y fortalece un espacio clave para la comuna?, destacó Stephanie Vidal, encargada de Medio Ambiente de la Municipalidad de Las Cabras.



Comunidad y educación ambiental

Un eje central del proyecto es la participación comunitaria. Vecinos y organizaciones locales están involucrados en el proceso, fortaleciendo el vínculo entre las personas y estos ecosistemas.

?Queremos que la comunidad conozca el humedal, lo valore y lo cuide. Estas acciones permiten que niños y adultos comprendan por qué es tan importante proteger la biodiversidad?, señaló Manuel Santander, representante de la Agrupación Pro Mantención del Humedal.

La experiencia que se desarrolla en O?Higgins busca convertirse en un modelo replicable en otras zonas del país, demostrando que la ciencia aplicada, el trabajo municipal y el compromiso ciudadano pueden generar cambios reales. El llamado es claro: proteger los humedales hoy es asegurar agua, biodiversidad y calidad de vida para el futuro.