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El estudio busca identificar genes clave que permiten a las plantas enfrentar el estrés hídrico y las enfermedades, aportando a una agricultura más sostenible y adaptada a los desafíos actuales.


En un escenario marcado por el cambio climático, la escasez de agua y el aumento de enfermedades vegetales, la investigación científica se vuelve fundamental para fortalecer la producción agrícola. En esta línea, Andree Álvarez, investigador del Instituto de Ciencias Agroalimentarias, Animales y Ambientales (ICA3) de la Universidad de O?Higgins (UOH), lidera un estudio orientado a comprender y modificar los mecanismos genéticos que permiten a las plantas adaptarse a condiciones adversas.


?El objetivo central de mi investigación es identificar y validar genes reguladores que actúan como ?frenos? de rutas clave de defensa, adaptación y metabolismo, y evaluar qué ocurre cuando estos frenos se desactivan de forma dirigida?, explica el investigador.


Esta estrategia permitiría enfrentar simultáneamente problemáticas como el déficit hídrico y la presión de patógenos, avanzando hacia plantas capaces de mantener su rendimiento sin depender exclusivamente de insumos externos.


A diferencia del mejoramiento genético tradicional, que suele enfocarse en rasgos visibles o altamente influenciados por el ambiente, el trabajo se centra en genes reguladores que coordinan redes completas de respuesta.



?Al intervenir nodos de control, una sola modificación bien seleccionada puede activar programas integrados de defensa y generar cambios en metabolitos funcionales como carotenoides y compuestos fenólicos, que contribuyen a la protección antioxidante y a la adaptación?, señala Álvarez.


La investigación utiliza herramientas de vanguardia como la edición génica CRISPR/Cas9, junto con plataformas de cultivo in vitro. ?CRISPR permite intervenir de manera precisa, mientras que el cultivo de tejidos asegura plantas homogéneas y comparables para evaluaciones fisiológicas, moleculares y bioquímicas?, detalla.


El estudio se desarrolla en dos especies de interés: el tomate, ampliamente utilizado como modelo para investigar estrés e inmunidad vegetal, y Lagenaria siceraria, relevante por su uso agronómico como portainjerto y su resistencia al estrés hídrico.


?La proyección es identificar reguladores que puedan replicarse en otros cultivos, aportando a estrategias de mejoramiento genético y a una agricultura más resiliente y sostenible?, concluye el investigador.