La salud mental sigue siendo una de las grandes deudas del sistema de salud en Chile. Así lo advierte el académico de la Universidad de O?Higgins, Jorge Gallardo, quien alerta sobre los efectos que podrían tener los ajustes presupuestarios en esta área.
Según el experto, el país destina entre un 2% y un 3% del presupuesto sanitario a salud mental, cifra muy por debajo del promedio internacional, que alcanza entre un 5% y un 7%. Esta brecha impacta directamente en la atención, especialmente en el sistema público, donde las listas de espera para acceder a especialistas pueden extenderse por meses e incluso cerca de un año.
?Una reducción de recursos podría aumentar los tiempos de espera, limitar el acceso a tratamientos y profundizar el malestar psicológico, sobre todo en los grupos más vulnerables?, explica Gallardo.
El académico también advierte que la salud mental no depende solo de la atención médica, sino de factores sociales como el empleo, los ingresos, la vivienda y las redes de apoyo. Por ello, decisiones en materia económica o social pueden tener efectos directos en el bienestar de las personas.
En un contexto donde han aumentado los casos de ansiedad, depresión y estrés, el especialista insiste en que el financiamiento en salud mental debe entenderse como una inversión social.
Finalmente, plantea tres prioridades para avanzar en esta materia: aumentar los recursos destinados a salud mental, fortalecer la investigación y abordar este tema como un fenómeno social integral, más allá del ámbito clínico.